Bienvenida, 130 años de dinastía torera en un museo

Bienvenida, 130 años de dinastía torera en un museo

Que le pongan brazaletes
a la puerta del chiquero
por Antonio Bienvenida
que fue el rey de los toreros.
Así rezaba la sevillana que sirvió de epitafio al último torero de la saga de los Bienvenida, fallecido en octubre 1975, tras sufrir un percance que también relata esta sevillana:
Ni un toro bravo, siquiera,
fue tu enemigo traidor,
que fue una vaca campera
quien la vida te quitó.
Y es que la muerte del último de una saga que se había iniciado en 1844 no pudo tener más carga de leyenda: Antonio Bienvenida (en realidad, Antonio Mejías Jiménez) acudió ese 4 de octubre de 1975 a la misa funeral en memoria de su padre, el legendario Papa Negro, fallecido en octubre de 1964. Tras el oficio, Antonio marchó al campo a unas vaquillas, y una becerra le embistió cuando estaba desprevenido, provocándole graves daños vertebrales que le provocarían la muerte poco después. Él, que había estoqueado más de 1.600 toros bravos, encontraba la muerte frente a una vaquilla.
Esta historia, junto a la de los otros nueve miembros de la dinastía más longeva y famosa del toreo, puede ahora seguirse en el Centro de Interpretación del Toro y la Dehesa-Dinastía Bienvenida, abierto en la localidad donde todo empezó.
Y es que fue en Bienvenida donde en 1844 nacía Manuel Mejías Luján, iniciador de la dinastía. Fue Manuel un banderillero que acompañó a las figuras de la época, y que inició lo que sería la relación de esta saga con Hispanoamérica. Casado con Teresa Rapela, tuvo cinco hijos: el mayor, Manuel, murió cuando era pequeño de un modo que hace recordar la muerte de Antonio Bienvenida: estando en Sevilla vio venir unas cuantas cabras y sacó un paño para torearlas. Una de ellas le embistió y en la caída se fracturó el cráneo.
De este matrimonio nacerían otros cuatro hijos, dos niñas, y dos niños, el último de los cuales repetiría nombre de su hermano fallecido, ya que le bautizaron como Manuel, aunque pasó a la historia del torero como el Papa Negro. El otro hijo de Mejías Luján, José, también se dedicaría a la tauromaquia, aunque con menos éxito que Manuel.
Tuvo el Papa Negro siete hijos, de los que los seis varones siguieron la tradición familiar.
En total, diez Bienvenida dedicados al toro. Esta herencia ha sido recuperada ahora en el centro de interpretación de la población donde todo empezó. Para ello se ha recuperado el edificio de la calle Pintada que fue sede de la Cámara Agraria. El espacio museístico está plagado de recuerdos de la dinastía, muchos de ellos cedidos por la familia.
Además, el recorrido se concibe como una historia que relatan los propios miembros de la saga. No se limitan a contar la historia de su familia, sino que a cada cual se asigna un papel para desvelar los secretos de la lidia.
La dehesa, la crianza, la casta, las artes del toreo, los principales lances, la técnica… todo está reflejado en el espacio.
De esta manera, Bienvenida recupera una parte de su memoria, en un tiempo en el que, como también reza la sevillana:
Ya callaron los clarines,
ya no clama la afición,
al aire doblan campanas,
con ecos de una oración

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