HÁGASE LA LUZ. II-EL DÉFICIT DE TARIFA: PAGAR POR NADA

HÁGASE LA LUZ. II-EL DÉFICIT DE TARIFA: PAGAR POR NADA

Si en el artículo anterior se analizaba la farsa de las subastas de electricidad (ver enlace: http://www.digitaldetentudia.com/hagase-la-luz-i-trileros-guante-blanco/), hoy abordamos otro aspecto igual (o más) sangrante de cómo se manipula el precio que paga el consumidor por la luz. Se trata de los denominados ‘peajes’ de acceso, dentro de los que destaca el archiconocido ‘déficit de tarifa’. Como ocurría con el de la subasta, en teoría su definición es clara: el déficit se produce porque pagamos la electricidad más barata de lo que cuesta a las eléctricas producirla y distribuirla, con el fin de no esquilmar el bolsillo del consumidor, y claro, las pobres empresas del ramo acumulan pérdidas, que tendremos que ir pagándoles poco a poco para que no quiebren.

dibujitoClaro, que si por otro lado las tres grandes que monopolizan producción y distribución presentan en 2014 unos beneficios netos estimados en ¡1,2 billones de pesetas!, usted dirá que, en quiebra, lo que se dice quiebra, no están.

¿Qué ocurre entonces? Veamos primero cómo se distribuye lo que usted paga en su factura eléctrica. Verá que figura un primer concepto que es ‘facturación por lectura’, que es variable y marca el consumo. El segundo es ‘potencia’, el fijo que se paga por la potencia contratada para que ‘no salten los plomos’ cuando enchufe los aparatos. Luego vendrían otros como ‘impuesto electricidad’, ‘alquiler de equipos’ (esta es otra, usted lleva decenas de años pagando 40-50 euros al año por el arriendo del contador, es decir, puede haber pagado en 20 años 1.000 euros por un aparatito que vale 100 euros -IVA incluido- si lo compra un particular, mucho menos si se compra ‘a granel’) y finalmente el IVA.

Nos interesan los dos primeros. El primero, el consumo tiene a su vez dos partes: una está regulada (fijada por el gobierno) que representa aproximadamente el 60%, y el resto es la de mercado libre (precio que marca la famosa subasta). Sumando los dos se obtiene el precio por kilowatio/hora consumido. El segundo, el fijo por potencia, lo marca el gobierno.

luz 1¿Cómo se marca el déficit? Sencillo, se coge el precio de subasta (sí, ese que se fija por puja ascendente, es decir, se considera que todos los megavatios cuestan lo mismo, el precio más alto de  la subasta, aunque más de la mitad se produzcan en nucleares e hidroeléctricas, diez veces más baratos por ejemplo que el carbón o el petróleo) y se compara con el precio marcado por el gobierno en su tramo. Así, si en la subasta sale que el megavatio vale 70 euros y el gobierno dice que en su parte lo pondrá a 20 euros, el precio final que se pagaría (60% a 20 euros y 40% a 70 euros) sería de 40 euros por megavatio. Teóricamente, las eléctricas estarían cobrando 30 euros menos por megavatio de lo que cuesta producirlo, una ruina.

 

MENTIRAS, Y GORDAS

Nada más lejos de la realidad. Porque, como se explicó en el primer artículo, los 70 euros/megavatio son un precio ficticio que no responde al coste real. Por ejemplo, producir un megavatio en nuclear cuesta 12 euros y en hidroléctrica aún menos. En realidad, los estudios independientes (por ejemplo, los economistas Fabra Portela y Fabra Urtay en ‘Papeles de la economía española’, o la propia Comisión Nacional de la Energía que apunta “una importante brecha entre los precios que determina el mercado para generar electricidad y el coste real de esa generación”) apuntan a que se produce una sobrerretribución, es decir, que ni 70 euros ni siquiera 40, producir y distribuir cuesta aún menos. Eso no importa, se reconoce a las eléctricas una deuda de 30 euros por megavatio y se coloca como ‘déficit de tarifa’, que iremos pagando mediante subidas del tramo que maneja el gobierno (el fijo y el 60% del variable) durante años y años porque encima hay que pagarles intereses. Jamás estaremos en paz. luz 2

Pero hay más. Otra parte del supuesto déficit son los denominados ‘costes de transición a la competencia’. Atento: son 12.000 millones de euros que les debemos a las eléctricas pues cuando se hizo la pantomima de liberalización del mercado, las compañías establecidas exigieron una compensación, ya que habían hecho inversiones para ‘garantizar el servicio’ y ahora, si entraban nuevas compañías, no las podrían amortizar. Ni justificaron tales costes ni han entrado más compañías (imposible, no se permitían nuevas nucleares y las presas y centrales hidroléctricas ya estaban ‘cogidas’).

Y aún más: las primas a las renovables. Curioso, las primas se pagan cuando el coste en subasta baja de determinado límite. Entonces las grandes eléctricas mantienen su enorme margen vía déficit. Se apunta a que hubo un ‘boom’ de renovables y se dispararon las primas fuera de todo lo razonable. Otra falsedad: el ‘boom’ solo se dio en fotovoltaica; ni biomasa ni termoeléctrica terminaron de arrancar, así que la suma quedó por debajo de lo planificado. Por último en este apartado: ¿sabe usted que la mitad de las fotovoltaicas son propiedad de las grandes eléctricas, es decir, que cobraron la mitad de las primas ¡y encima les reconocemos ese pago como parte del déficit de tarifa que hay que volver a pagarles!?

 

INTERRUMPIBILIDAD

Todavía más. La famosa ‘interrumpibilidad’. Este ‘palabro’ aporta al año 1.000 millones nada menos al déficit de tarifa. ¿Qué significa? En teoría, es un acuerdo con grandes consumidores eléctricos (megasiderúrgicas como Arcelor, por ejemplo) por el que se les paga una ‘cuota’ para que, si se da un pico de demanda que no se puede atender con la generación disponible, estos grandes consumidores apaguen sus hornos y el ciudadano no sufra cortes eléctricos. ¡Qué bonito!, si no fuera porque este sistema lleva diez años sin usarse, y en realidad es una subvención a estas siderúrgicas, que amenazaron con marcharse de España ante la subida del precio de la electricidad.

luz 1a Y más. La ‘potencia de respaldo’. Suma unos 600 millones de euros al déficit. Vamos con la teoría: las grandes eléctricas invirtieron en ciclos combinados (las centrales de gas) con el fin de tener sistemas complementarios de generación por si, de nuevo, había una demanda excesiva que no se pudiera atender. Ahí estaban ellos al quite. Vamos con la realidad: las grandes eléctricas, deslumbradas por el ‘boom’ económico de principios de este siglo, invirtieron grandes sumas en las centrales de gas, previendo que aumentara la demanda. Pero llegó la crisis y todo se desplomó. Ahora estas centrales funcionan al 10% de su capacidad, y las eléctricas han exigido (y, otra vez, logrado) que se les paguen esas inversiones erróneas. Es decir, un empresario que tiene una previsión de negocio, se equivoca y su error lo pagamos entre todos.

Por último: subvenciones a la minería del carbón. Un sector sin futuro al que, en vez de buscarle alternativas, se mantiene artificialmente. Esto suma al déficit de tarifa unos 1.200 millones. De ellos, 350 millones son subvenciones para que siga una producción no rentable. El resto viene porque al utilizarse carbón en la producción eléctrica se generan cuantiosas emisiones de CO2. Como España tiene un compromiso firmado para limitar sus emisiones, tiene que comprar derechos de emisión a terceros (países que no consumen su ‘cuota de contaminación’) a razón de 20 euros la tonelada. Pero, ¿por qué se mete esto en la factura eléctrica? ¿Se imaginan que se cargasen las ayudas de la PAC por ejemplo, en el precio de los tomates? Dejaríamos de comprarlos o compraríamos los de Marruecos, más baratos. Pero no se olvide de que en la electricidad estamos hablando de un oligopolio, y como diría el ministro Montoro, “la vida es ‘asín”.

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La suma de todos los déficits supuestos se carga en la parte que controla el gobierno poquito a poco, una parte en el término de potencia (vea su factura, este concepto ha pasado de 5 a 9 céntimos por kilowatio y día en el último año, una subida del 80%) y en el de consumo. Más en el primero que en el segundo. ¿Por qué? Por si usted tiene la mala idea de tratar de ahorrar en la factura consumiendo menos. Entonces subo el fijo y ya puede usted estar a oscuras, que va a pagar más.

 

(En la próxima entrega, la tercera y última, explicamos por qué se producen estos demanes y por qué se consienten y amparan)

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